A LA SOMBRA DE UNA SALVE
No sé si fuiste consciente de cómo llegaste a mi…
Fue un asalto en el cruce de un camino que yo ya había mal andado, y del que volvía entristecida por el desamor, la inconsciencia, la realidad, y el llanto, y ya no quería seguir ese camino.
Quería quedarme a la sombra de un hermoso árbol y llorar mi desamparo, pero no había ni una sombra que me cobijase en ese camino, y mi ser había perdido la razón y la confianza.
Todo llego en el desanimo, a lo lejos apareció una hermosa sombra, como un oasis en el desierto, y quise descansar sobre todo lo demás, y allí caí rendida porque lo necesitaba.
Mi cuerpo necesitaba agua fresca y tú fuiste esa agua, un techo cálido, y me encontré durmiendo junto a la noche cálida de Andalucía, con su cielo maravilloso y su brisa que besa los sueños.
No quise desandar, ni empezar nuevos caminos, yo solo quise descansar, dejar mis sentimientos a la sombra de un oscuro portal, y me sorprendió la luz, el olor del azahar, y el color verde de sus jardines.
Nada pude pedir a esos sentimientos, me envolvieron, me abrazaron, me besaron y me dejaron soñar junto a tu acento, tu rio, y el hermoso canto de tu Salve.








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