ADOLESCENCIA
No fui consciente de cómo se acercaba la adolescencia a mis días,
siempre quise ser chica guapa, pero en
esta vida hay de todo, y hermosuras… menos.
No me di cuenta como se perdía la niñez, como mis acuarelas desaparecían de mis cuadernos, mientras llegaban las pinturas a mi cara, que a decir de mi Santa Madre eran innecesarias en mi rostro adolescente, lleno de luz y vida por vivir.
Fui niña solitaria, me gustaba más mi mundo interior que el
exterior, el verdadero, me gustaba disfrazarme a veces, y soñar con que se acercaría mi adolescencia y me hiciese más... sin darme cuenta de que eso ya había llegado y no lo había sentido.
Tuve la suerte de tener dos madres, la que me parió, y mi
hermana mayor que cuido de mi mientras mi madre se inflaba a trabajar para
sacarnos adelante, pero yo entonces no era consciente, porque mi mundo interior
lo mejoraba todo, y lo viví como quise, me enamore cada día entre sus paredes
de colores, y mis sueños grandes dentro
de un cuerpo pequeño, me cubrí con un hermoso abrigo de abrazos de los que me querían,
y fui feliz a mi manera, sin dejarme convencer más que en sueños.
Fue mi adolescencia un país de hadas, duendes y príncipes,
donde más de una vez me enamoraron las palabras pero no las personas, después llego
mi príncipe, el que me enamoro con su presencia, las palabras… mucho mas tarde,
y la vida me hizo mayor cuando aún era una niña… sin pasado, y sin darme cuenta
de ello.














